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Pronunciado en la Conferencia de las Naciones Unidas
encargada de examinar los progresos alcanzados en la ejecución del Programa
de Acción para prevenir, combatir y erradicar el tráfico ilícito
de armas pequeñas y ligeras en todos sus aspectos
Nueva York, 26 de junio de 2006
Excelentísimo Señores,
Distinguidos Delegados,
Damas y caballeros,
Hace cinco años los Estados Miembros de las Naciones Unidas se comprometieron
a ocuparse con urgencia del comercio ilícito de armas pequeñas y
armas ligeras. El Programa de Acción para prevenir, combatir y erradicar
el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras en todos sus
aspectos fue la expresión de un consenso trascendental contra el tráfico
de armas pequeñas y nos dotó de un plan para contener la corriente
de armas.
Hoy nos reunimos para recordar ese hito histórico y examinar los progresos
que hemos alcanzado en el cumplimiento de los compromisos que entraña.
El problema sigue siendo grave. En un mundo inundado de armas pequeñas,
se cree que es ilícita la cuarta parte del comercio mundial de armas, estimado
en 4.000 millones de dólares anuales. Es fácil comprar, usar, transportar
y ocultar armas pequeñas y su continua proliferación exacerba los
conflictos, impulsa corrientes de refugiados, socava el imperio de la ley y genera
una cultura de violencia e impunidad.
La mayoría de las muertes causadas directamente por conflictos en todo
el mundo, que cada año son decenas de miles, y los cientos de muertes relacionadas
con el delito que ocurren cada día, están vinculadas con las armas
pequeñas y las armas ligeras ilícitas.
Aunque esas armas son pequeñas, causan destrucción en masa.
Me complace señalar que, desde la aprobación del Programa de Acción,
hemos logrado progresos considerables.
Casi 140 países han informado de su aplicación. Una abrumadora mayoría
de ellos cuenta con leyes que restringen las corrientes de armas pequeñas
y armas ligeras ilícitas y más de la mitad han establecido órganos
nacionales de coordinación para impedir su difusión.
Además, una tercera parte de los Estados han realizado actividades con
el fin de recabar las armas que están en poder de quienes no están
facultados legalmente para poseerlas, y una mayoría han implantado normas
y procedimientos para la seguridad y la gestión de las existencias de armas.
Está aumentando la cooperación regional y subregional para parar
la corriente de armas ilícitas a través de las fronteras nacionales.
Acojo con especial agrado la entrada en vigor de los Protocolos de la Comunidad
del África Meridional para el Desarrollo y de Nairobi, y la reciente transformación
de la moratoria de la Comunidad Económica de los Estados de África
Occidental en un instrumento jurídicamente vinculante.
Hay también otros hechos dignos de mención. Ya está en vigor
el Protocolo sobre armas de fuego. La Asamblea General de las Naciones Unidas
ha aprobado el instrumento internacional sobre la localización de armas
a fin de identificar y localizar las armas pequeñas ilícitas. El
desarme, la desmovilización y la reintegración forman ahora parte
de todos los programas de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz
y las situaciones posteriores a los conflictos.
También hemos progresado en lo relativo al corretaje ilícito de
armas pequeñas, y un grupo de expertos gubernamentales estudiará
este año ese problema. Espero que formulen recomendaciones concretas sobre
la forma en que los Estados pueden actuar con eficacia contra esta nefaria actividad.
Es evidente que se ha logrado mucho y que se está haciendo mucho. No obstante,
persisten importantes problemas.
Se requiere urgentemente que los Estados Miembros promulguen o actualicen leyes
acordes con las normas establecidas en el Programa de Acción. Los países
necesitan también mejores procedimientos de gestión y seguridad
de las existencias de armas para reducir el hurto. También necesitamos
llegar a un acuerdo acerca de una forma realista y efectiva de certificación
de los usuarios. Sin esa certificación, todo esfuerzo por regular el comercio
y el corretaje de armas pequeñas y armas ligeras será insuficiente.
Al mismo tiempo, 55 Estados no han presentado todavía informes sobre el
Programa de Acción. Algunos de los informes presentados contienen datos
insuficientes para la evaluación del progreso y muchos órganos nacionales
de coordinación carecen de la capacidad o los recursos necesarios para
desempeñar sus funciones. Las actividades de recopilación de armas
han permitido destruir sólo una pequeña parte de las armas ilícitas
disponibles en las zonas de conflicto y en las calles de las ciudades. Se requiere
una cooperación internacional aún mejor y un aumento de la financiación
por los donantes para hacer frente a las necesidades no atendidas.
Inevitablemente, los Estados deben llevar la iniciativa en la solución
de estos complejos problemas y en la represión del comercio ilícito
de armas pequeñas y armas ligeras, pero también la sociedad civil
tiene una importante función al respecto. Mediante campañas de divulgación,
actividades de promoción, iniciativas comunitarias, investigación
y asesoramiento técnico, los agentes de la sociedad civil han tenido una
función decisiva en nuestros esfuerzos para la ejecución del Programa
de Acción. Me complace en consecuencia ver presentes hoy a tantas organizaciones
de la sociedad civil. Espero que compartan sus perspectivas, sus inquietudes y
sus conocimientos técnicos y pienso que lo harán con gran ahínco.
Permítanme señalar que esta Conferencia de
examen no está negociando una "prohibición mundial de las armas
de fuego" y no tratamos de negar a los ciudadanos cumplidores de la ley su
derecho a portar armas de conformidad con sus leyes nacionales.
Nuestra energía, nuestro empeño y nuestra ira están dirigidas
hacia las armas ilícitas, no hacia las lícitas. Nuestras prioridades
son el cumplimiento efectivo de las normas, mejores controles y reglamentación,
almacenamiento seguro, y reunión y destrucción de las armas. Nuestros
objetivos siguen siendo los mercaderes de armas inescrupulosos, los funcionarios
corruptos, los sindicatos de traficantes de drogas, los delincuentes y otros elementos
que llevan la muerte y el caos a nuestras comunidades y que arruinan vidas y destruyen
en minutos la labor de años. Para detener la marcha destructora de los
conflictos armados y el delito, debemos parar a esos proveedores de muerte.
Se trata de un objetivo ambicioso pero alcanzable. El Programa de Acción
ya nos ha proporcionado un marco, ahora nos corresponde a nosotros, los Estados,
las organizaciones internacionales y regionales y los participantes de la sociedad
civil, alcanzar sus objetivos.
Es en ese espíritu que les expreso mi deseo de que la Conferencia de examen
tenga mucho éxito. |
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