El pasado 23 de octubre, mientras en la Argentina se elegían cargos legislativos, Brasil también votaba. Pero a diferencia de nuestro país no se trataba de, por llamarlo de alguna manera, una elección más. Cien millones de brasileños asistieron a las urnas para decidir uno de los temas fundamentales de debate en dicha sociedad desde el año 2003: prohibir o no, el comercio legal de armas y municiones.
Quienes intentaron plantear la discusión en otros términos, lisa y llanamente, se equivocaron.

La sociedad brasileña no aceptó a quienes quisieron imponerles el debate sobre si las armas eran buenas o malas, o si estaban a favor o en contra de las mismas. Sabiamente supieron reubicar el objetivo del referendo: permanecer dentro de un sistema legal que intenta encaminarse, o transformar el comercio de armas de fuego en un mercado absolutamente negro.

Sin embargo, muchas confusiones se han generado en torno a lo votado el 23 de octubre. Algunos, equivocadamente, entendieron que a partir de ahora los brasileños podrán adquirir libremente y sin ningún tipo de requisito, armas de fuego. Nada más lejos de la realidad. De aquí en más, quienes en el vecino país deseen adquirir un arma de fuego para cualquiera de los fines previstos por la ley, deberán cumplir (como se viene haciendo desde 2003), con una serie de requisitos casi idénticos a los que se requieren en Argentina.

Es decir que más de sesenta millones de personas no sólo se manifestaron en las urnas a favor del comercio legal de armas y municiones, y del control estatal sobre los mismos, sino que además, ¡Tomaron al sistema registral argentino y sus requisitos como ejemplo a seguir! Esto, sin dudas, debe enorgullecernos a todos aquellos argentinos de bien que, en todas las disciplinas, estamos a favor de manejarnos dentro de lo que las leyes indican.

Otro de los errores de interpretación más comunes ha sido también que a partir del referendo, los brasileños podrán portar armas de fuego libremente. Quienes eso plantearon, evidentemente desconocen lo que la Ley 10.826, aprobada en Brasil el 22 de diciembre de 2003 establece en su artículo sexto: que está prohibida la portación de armas de fuego en todo el territorio nacional, salvo para fuerzas de seguridad, agencias de seguridad privada, deportistas y toda aquella persona a la que el Estado le conceda ese derecho. En definitiva: otro calco de la legislación argentina.

Ahora bien, teniendo en claro qué se votó, podremos entonces comenzar a analizar el por qué del resultado del referendo. Mucho se habló acerca del significado de los votos, entendidos como una demostración de oposición al gobierno de Lula, y puede que algo de eso haya. Otros lo interpretaron como una muestra de disconformismo hacia las políticas de seguridad, que a las claras de toda cifra, lo único que han logrado generar es lo contrario a lo que deberían. Sin dudas esa "sensación" de indefensión del pueblo brasileño y la falta de acciones del Estado al respecto, marcaron uno de los puntos más importantes del debate de los últimos seis meses de la agenda carioca. Sin embargo, y admitido hasta por los propios líderes del movimiento que impulsaba la prohibición de la venta legal de armas y municiones, dichas ONG fueron incapaces de interpretar las verdaderas necesidades de la sociedad brasileña.

De todas formas, caer en la dicotomía de plantear que como el Estado no está donde debería, los ciudadanos deben cubrir esas falencias por cuenta propia, sería un grave error. Si así fuera, allí donde el Estado no pudiera llegar con subsidios o alimentos, deberíamos admitir como correctos el asalto a bancos y los saqueos a comercios. No se debe confundir política en materia de armas con políticas de seguridad pública. Prohibir o restringir la legal tenencia de armas no solucionará la seguridad ni prevendrá accidentes con armas de fuego, pero tampoco debe alentarse ni permitirse la "justicia por mano propia", que no es sino venganza, siendo esto totalmente distinto de la legítima defensa en las estrictas condiciones legales.

Y tanto en ese aspecto como en muchos otros, debemos tener claro que Argentina no es Brasil. Sin ir más lejos, hasta 2003 en el vecino país no existía un sistema registral, con lo que el Estado carecía de cualquier tipo de control o conocimiento acerca del destino de las armas adquiridas. Producto de ese virtual "descontrol", es que aún hoy, el 53% de las armas brasileñas legalmente adquiridas, pasan a manos de delincuentes. En Argentina eso no sucede; de hecho las denuncias de Legítimos Usuarios por robos o extravíos de sus armas, son mínimas. Por otra parte, cabe resaltar que en nuestro país, la incidencia de Legítimos Usuarios en delitos con armas de fuego, es inferior al 1%. De todas formas, a esto se suman datos comparativos a nivel internacional que demuestran que la tasa de homicidio no está relacionada con la cantidad de armas por habitante.

Otras de la las diferencias fundamentales entre ambos países son los niveles de violencia, inseguridad, tráfico de armas y calidad de las mismas en poder de la delincuencia. Brasil supera exponencialmente a la Argentina en todos estos índices. Post referendo, las propias ONG que impulsaron la prohibición del comercio legal, propusieron públicamente impulsar un sistema similar al del RENAR, ya que, en definitiva, los delincuentes de ninguna parte del mundo, obedecerán la prohibición de comerciar armas.

Sesenta millones de brasileños, que merecen una felicitación por el coraje de haber sostenido públicamente una postura que no siempre es vista como políticamente correcta; acaban de votar no sólo a favor de la legalidad, sino de impulsar una legislación que es prácticamente igual a la argentina.

Así como quienes intentaron prohibir el legal comercio de armas y municiones en el vecino país, equivocaron su lectura de la sociedad y lo admitieron; invitamos a aquellos sectores que se encuentran en los extremos, a reflexionar acerca de su postura, ya que las armas existen y seguirán existiendo; eso es una realidad insoslayable. Sólo la defensa de la legalidad, del sistema registral, de controles por parte del Estado y la lucha incansable contra las armas ilegales, nos hará una sociedad mejor, más segura, confiable y justa. Una Argentina posible, que aún está muy por encima de la Argentina real.
 
       
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