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No hacen falta nuevas leyes, sino cumplir las
existentes
A simple vista, cualquier persona desprevenida podría decir que en las
últimas semanas se está moviendo el avispero: un proyecto en la
Legislatura porteña que propone el canje voluntario de armas por becas
estudiantiles, culturales y deportivas; otro proyecto de la Cámara de Diputados
de similares características que además propone una campaña
por el no uso de armas de fuego; y en Rosario se aprueba una reglamentación
que prohíbe la fabricación y comercialización de juguetes
bélicos. Parece que legisladores y diputados se están preocupando
por la inseguridad, un cáncer que está carcomiendo las raíces
de toda la sociedad, podría decir esa persona.
Pero lamentablemente, sólo en apariencia; ya que ninguno de estos proyectos
contribuirá a reducir el índice de delitos o de armas en poder de
delincuentes.
¿Cuál de estos proyectos hubiese servido para impedir lo ocurrido
recientemente en la Avenida Cabildo o el feroz ataque de delincuentes en la parrilla
de Colegiales, que terminó transformando un cumpleaños en velatorio?
Ni la mente más afiebrada pude pensar que la prohibición de comercializar
juguetes bélicos disminuirá los índices de delito o violencia
en el Gran Rosario, o que un delincuente canjeará su herramienta de trabajo
por libros. Por otra parte, ¿quién se encargará de recolectar
y velar por que las supuestas armas recuperadas no vuelvan al mercado ilegal antes
de ser destruidas por el RENAR?
Muchos, desconociendo la temática de fondo, proponen incrementar aún
más los requerimientos para conceder a un ciudadano la condición
de Legítimo Usuario, sin darse cuenta que no es de allí donde provienen
los problemas. Por otra parte, cabe destacar que hoy, esos requerimientos son
muchísimo mayores que hace diez o quince años. Sin embargo, la espiral
de violencia en ese mismo período se ha incrementado exponencialmente.
Y ya va siendo hora que la sociedad toda, con legisladores y diputados incluidos,
saque conclusiones certeras respecto de la falta de vínculo entre las armas
legales y la violencia.
Por otra parte, no hay que perder de vista que las cifras reales indican que hoy
se vende la misma cantidad de armas en un año, que la que hace diez se
vendía en un mes; y las armerías se redujeron a un cuarto. Es decir
que la tan comentada sociedad civil armada hasta los dientes, se parece mas a
un slogan que a una verdad.
Lo cierto, es que son cada vez más los Legítimos Usuarios que, por
imposibilidades económicas o de distancias, no están renovando sus
credenciales (cientos de miles). Esto hace que muchas armas queden en una especie
de zona gris, ya que si bien no son armas volcadas a la delincuencia, tampoco
están debidamente registradas. Es por eso que las cifras que las distintas
ONG manejan como veraces, no lo sean tanto. Si no, cómo se explica que
hace apenas un año se hablara de 2.100.000 armas registradas y hoy esa
cifra apenas alcance 1.200.000.
Otros, que dicen conocer del tema, se apasionan hablando de la "exitosa experiencia"
de Mendoza por su plan de canje de armas. Pero lo que ignoran u ocultan, vaya
a saber por qué, es que Mendoza recién se sumó a la legislación
nacional respecto del registro de armas, en 1999; antes, cualquiera podía
adquirir un arma con sólo presentar una cédula de identidad. La
Red Solidaria, integrante de la Red argentina para el desarme, mencionaba días
pasados que por cada 2.300 armas recuperadas, se habrá salvado una vida.
Y es por ello que cabe destacar que durante toda la campaña en la provincia
de Mendoza, se recolectaron poco más de 3.000 armas o, traducido: una vida.
Claro está que podríamos decir que quien salva una vida, salva a
la humanidad; pero suena a mucho calificar de exitosa una campaña que no
sólo destruyó apenas 3.000 armas, sino que además lo hizo
sin peritar si las mismas habían estado involucradas en delitos, incurriendo
los propios organizadores en uno. Pero sin embargo, muchos funcionarios y legisladores
toman el "ejemplo" Mendoza como norte a seguir en sus propuestas "desarmistas"
que buscan bajar la inseguridad. Algo parecido a preguntarle a un vegetariano
cómo hacer un asado.
El RENAR es el único organismo autorizado a recolectar y destruir armas.
De hecho ya hizo lo propio con más de 55.000 en los últimos años,
sin campañas estridentes ni gastos innecesarios. Además, cuenta
también con un 0800 para recibir denuncias y una Unidad Fiscal propia para
investigar delitos. Al mismo tiempo, se acaba de implementar no sólo una
campaña para que los Legítimos Usuarios renueven sus licencias,
sino también un plan para que cientos de miles de pobladores rurales puedan
empadronar sus armas sin registrar a través de la nueva Credencial de Legítimo
Usuario Rural, a un precio mínimo y menores requerimientos para poder hacerlo
en tiempo y forma.
El RENAR es parte del Estado, aunque muchos legisladores y funcionarios parecieran
ignorarlo. Echando mano a una vieja frase, bien podría decirse que en muchos
casos, no hacen falta nuevas leyes, sino cumplir con las existentes. ¿No
sería mejor, en plan de optimizar recursos y energías, apoyar iniciativas
que apuntan hacia un mismo fin y que ya están en marcha?
Pero las preguntas que aparecen como lógicas a ojos vista, plantean una
duda de base: El Estado, ¿quiere saber en manos de quiénes están
las armas? ¿realmente le importa? Si la respuesta es afirmativa, sería
interesante plantear la posibilidad de una campaña seria a nivel nacional
para lograr el mayor reempadronamiento de armas posible, ya que como indican todas
las estadísticas, las armas registradas no se encuentran involucradas en
delitos ni hechos violentos. Pero si la respuesta a la pregunta anterior fuera
negativa, Estado y legisladores pueden seguir trabajando descoordinadamente y
malgastando esfuerzos y recursos. Como aquella frase que reza: "cambiar algo,
para que en el fondo nada cambie".
El pasado 26 de junio de 2006 en Nueva York, el Secretario General de la ONU,
Kofi Annan, al inaugurar la Conferencia de Examen sobre Armas Pequeñas,
mencionó entre quince y veinte veces la palabra "ilícito-ilícitas",
al referirse al tipo de tráfico de armas que se debe combatir. Si bien
el discurso completo puede consultarse en la página el FORO (www.armaslegales.org.ar),
el cierre del mismo marca claramente los límites de lo que la ONU propone
eliminar a nivel mundial. Con ella no sólo coincidimos plenamente, sino
que es nuestra razón de ser como FORO: el combate contra las armas ilegales.
Y aunque no muchos lo hayan visto reflejado en los discursos públicos de
otras ONG, medios periodísticos o representantes legislativos y gubernamentales,
ese siempre será nuestro horizonte.
"Permítanme señalar -decía Kofi
Annan- que esta Conferencia de examen no está negociando una "prohibición
mundial de las armas de fuego" y no tratamos de negar a los ciudadanos cumplidores
de la ley su derecho a portar armas de conformidad con sus leyes nacionales.
Nuestra energía, nuestro empeño y nuestra ira están dirigidas
hacia las armas ilícitas, no hacia las lícitas. Nuestras prioridades
son el cumplimiento efectivo de las normas, mejores controles y reglamentación,
almacenamiento seguro, y reunión y destrucción de las armas. Nuestros
objetivos siguen siendo los mercaderes de armas inescrupulosos, los funcionarios
corruptos, los sindicatos de traficantes de drogas, los delincuentes y otros elementos
que llevan la muerte y el caos a nuestras comunidades y que arruinan vidas y destruyen
en minutos la labor de años. Para detener la marcha destructora de los
conflictos armados y el delito, debemos parar a esos proveedores de muerte". |
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