Entrevista a Gonzalo Novales, el legislador uruguayo que acaba de participar en el Parlatino.

Por Cosme Trapazzo

"Sería irreal tratar de limitar la portación", afirma el parlamentario como carta de presentación, y aclara que son los sectores de menores recursos los que eligen armarse para sentirse más seguros frente al crecimiento de la delincuencia.


El diputado uruguayo Gonzalo Novales es contundente: en un país como el suyo, con cerca de 14 armas cada 100 habitantes, el problema del que hay que ocuparse es la inseguridad, en vez de poner trabas a la adquisición y portación de armas de fuego.

Este representante de la Alianza Nacional por el departamento de Soriano, considera que muchas campañas se equivocan al plantear una política bajo el eslogan "Tenés un arma, tenés un problema". "Yo preferiría que pusieran más énfasis en la seguridad, así nadie va a preferir comprarse un fusil a una moto", grafica el legislador que en mayo visitó Buenos Aires para participar de un foro sobre seguridad organizado por el Parlamento Latinoamericano.

El razonamiento es simple, dice: los sectores de menores ingresos se sienten desprotegidos ante una ola delictiva desbocada por el paco y, como no pueden contratar guardias privados o poner alarmas, eligen salir con un revólver entre sus ropas. "Se sienten más seguros desde el punto de vista psicológico", afirma Novales, quien igualmente reconoce que en muchos casos se trata de pistolas tan viejas que ni siquiera funcionarían en el momento de usarlas. Hay comerciantes, almaceneros y farmacéuticos, relata, que han sido robados tantas veces que eligen defender "lo suyo, la familia". Pero no es sólo una cuestión de pobres.

Según un relevamiento realizado a fines del año pasado por el diario El País, 38 parlamentarios, de un total de 114, reconoció tener "un revólver u otra arma de fuego". Los congresistas pueden, desde 1970, portar armas sin necesidad de tramitar una habilitación.

El propio Novales reconoce que tiene varias en sus distintas residencias y en su chacra. Sin embargo, todas las veces que fue asaltado, contó, no iba armado y se defendió a los golpes.


- ¿Cuál es la realidad hoy en Uruguay?

- Aquí en Uruguay, obviamente es necesaria cierta habilitación para adquirir armas. Con justificación de conducta, con no tener antecedentes penales, se puede adquirir determinado tipo de armas. Obviamente que no se pueden adquirir armas de tipo bélico, de alto calibre. Si uno tiene este tipo de armas, tiene que estar registrado como coleccionista. Acá en el Uruguay hay entre 40 y 50 coleccionistas habilitados para tener ese tipo de armas.


- Se habla de que hay un millón de armas, en una población relativamente pequeña. ¿Cómo explica semejante fenómeno?

- Porque el uruguayo es una persona muy tradicionalista. Muchas de esas armas que hay en poder de la población civil, de repente tienen hasta 150 años. La última guerra civil importante que hubo acá en el Uruguay fue en 1904 y la gente tradicionalista todavía tiene los Remington, losWinchester, que usaron los abuelos en esacontienda. La mayor parte de las armas son de tipo deportivo y no son de tipo agresivo. Obviamente que las armas que están sin registrar, clandestinas, son las que están en la delincuencia, y sí son de alto calibre.


- ¿Hay algún vínculo entre ese número y la inseguridad?

En este momento, como seguramente en la Argentina y como está sucediendo universalmente, hay una inseguridad por la que la gente se encierra en sus casas, se encierra en los barrios.

Hay un enorme miedo de salir a la calle. Ni hablar de las personas mayores.La gente no es que se ha armado. Si no que la gente, con el arma, se siente desde el punto de vista psicológico, con una especie de respaldo. En el 99,9% de los casos no la usa, pero desde el punto de vista psicológico, la gente siente que lo que no le da el Estado lo tiene por otro medio.


- ¿Está bien regulada la situación  en su país?

- Aquí, las disposiciones y las leyes están todas. Lo que hay que evitar es la enorme delincuencia en las calles, provocada por la irrupción de la pasta base. Esto ha hecho que la delincuencia no tenga códigos. Antes, los delincuentes tenían ciertos códigos: no robar a los pobres, no robarse entre ellos, no robar a un cura, a un médico, a un viejo. Hoy por hoy, eso no existe. Te roban desde la ropa colgada en el fondo del rancho, hasta la garrafa con la que estás cocinando.
La gente, entonces, tiene su arma. Algunas yo creo que cuando las vayan a usar ni van a funcionar, pero eso da una especie de respaldo.


- ¿Los sectores de bajos recursos tienen mayor propensión a usar armas?

- La mayor parte de las víctimas de la delincuencia es la de menores ingresos. Los que tienen ingresos suficientes o tienen guardias privadas, se encierran en barrios privados o tienen rejas y alarmas. Tienen montones de cosas que pueden usar para darse seguridad.
La gente que tiene menos recursos tiene menor capacidad para resguardarse desde el punto de vista de la seguridad. Las víctimas, que antes eran de las clases más pudientes, hoy están repartidas. Nadie está a salvo de la delincuencia hoy por hoy.


- ¿Esto quiere decir que la cantidad de portaciones es elevada?

- Sí, es muy probable, y es más: hay gente que la ha usado. Hay barrios en Montevideo, donde hay comercios o farmacias que han sido robados 10 ó 15 veces en un año. Hay supermercaditos o almacenes familiares que son robados todos los meses. Incluso ha habido reacciones de los propietarios, que han llegado a enfrentarse a tiros con los delincuentes, muchas veces menores de edad, muy violentos pero sin experiencia. Y ha habido víctimas de los dos lados, lamentablemente. El civil, cuando reacciona, lo hace desesperado, porque no tiene más que hacer. Se siente desprotegido.
Obviamente están defendiendo lo suyo, su familia. También está pasando que cuando chicos o chicas van a recibir educación, muchos de esos chicos se están armando, porque tienen miedo, porque hay violadores.


- ¿Con la anuencia de los padres?

- Claro, fíjese: a un chico que va al colegio le pueden robar los championes, como les decimos nosotros a las zapatillas; las camperas, la ropa de abrigo. Y ni hablar si es ropa o son zapatillas de marca. Normalmente, no llevan armas de fuego, llevan cuchillos, gas pimienta o similares.


- Pero estamos hablando siempre de que la gente se arma de manera legal.

- Sí, lo hace de manera legal. Incluso hay determinadas actividades que están autorizadas. En mi caso, que soy legislador, no solamente tengo libertad para recibir armas, sino que tengo la posibilidad de portar armas.
La portación per se es un derecho que tienen los legisladores. No necesitamos más que mostrar nuestro carnet para adquirir y para portar armas. De hecho muchos legisladores las tienen.


- ¿Cuál es el enfoque de este tema desde el punto de vista regional?

La situación del Uruguay, y creo que la de la Argentina también, no tiene nada que ver con lo que pasa en países centroamericanos, como Nicaragua, El Salvador o Colombia. Todos estos países han padecido o están padeciendo guerras civiles, en que las potencias mundiales han aportado la mayor
cantidad posible de armas destructivas y de guerra.
Una vez terminado esos conflictos, hay millones de armas de guerra en poder de los civiles, y  además se comercializan y venden a precios ridículos. En muchos países, comprar una gallina o un AK47 es lo mismo. La realidad nuestra no tiene nada que ver.

Cuando viene un conferencista de ahí, habla de otro planeta. Acá nosotros podemos tener un "montecristo", con lo que cazábamos las perdices desde arriba del auto, pero no vamos a tener un AK47 o un lanzacohetes.


- ¿Puede haber una estrategia común entre Uruguay y la Argentina?

- Yo soy de un departamento del interior, Soriano, y estamos frente a Entre Ríos a través del río Uruguay. Las realidades son distintas de Montevideo con el interior y del Uruguay con la Argentina.
En la Argentina, la problemática delictiva es más violenta. Hay más mano de obra desocupada que proviene de las fuerzas de seguridad de regímenes anteriores. En nuestro país la situación es distinta. Además, entiendo que en ninguno de los casos la población civil hace un mal uso o abuso de las armas.
Sin embargo, nosotros estamos aquí en el interior, donde la gente que vive en el campo está acostumbrada a tener armas de tipo deportivo, de caza o de defensa, por lo que sería irreal tratar de limitar la circulación de este tipo de armas.


Cosme Trapazzo
Fuente: Info Aicacyp 32
 
       
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